Hay algo que quiero dejar claro desde el principio: lo que es válido para mí no tiene por qué serlo para ti.
Y lo que es válido hoy, quizá no lo sea dentro de un tiempo. En este proceso no existen decisiones cerradas ni caminos únicos.
Aquí no hay solo un “sí” o un “no”.
Hay muchos matices. Muchísimos grises.
Dentro del sí existe la posibilidad de cambiar de terapia, de ajustarla, de interrumpirla o incluso de abandonarla.
Y dentro del no también hay muchas formas de posicionarse.
Por eso, si tuviera que definir este proceso con una sola palabra, sería esta: personal.
Desde mi experiencia, he intentado encajar esta nueva etapa desde un enfoque lo más holístico posible. He hecho —y sigo haciendo— todo aquello que está en mi mano: entrenamiento de fuerza, trabajo cardiovascular (HIIT y zona 2), descanso, relajación, meditación, nutrición acompañada por una nutricionista, seguimiento ginecológico e incluso apoyo psicológico.
Todas estas profesionales me han ayudado a transitar este cambio de una forma mucho más consciente y respetuosa con mi cuerpo.
Y aun así, llegó un punto clave.
Pero algo no iba bien.
Mi calidad del sueño empeoraba.
Mis niveles de estrés estaban más altos.
Había perdido capacidad de autorregularme.
Y, sobre todo, apareció una sensación persistente de niebla mental, de desconexión, de ir perdiendo poco a poco una parte de mi identidad.
Ese fue el verdadero detonante.
No fue el cuerpo.
Fue lo interno, lo emocional, lo cognitivo.
Ahí fue cuando empecé a investigar más a fondo sobre la terapia hormonal y a plantearme seriamente probarla.
El día que llegué a la consulta con mi ginecóloga, fui con la decisión bastante clara. Si eres de Murcia, te cuento que se llama Paqui Guirao, su clínica es Gineceo y está en Casillas. Llegué con una lista de preguntas larga, muy larga. Se las hice todas. Y me las respondió todas.
No voy a entrar en detalle en esa conversación, porque creo que es algo muy íntimo y que cada mujer debería tener con su propia ginecóloga. Hay muchas opciones, muchas combinaciones y muchos caminos posibles.
En mi caso, me decidí por terapia hormonal bioidéntica. Concretamente:
- Parches de estradiol (Evopad), que coloco los lunes y los jueves
- Progesterona intravaginal, que aplico del día 8 al 21 de cada mes
Este es mi primer mes de tratamiento. Como todavía tengo cierta producción de estrógenos, la progesterona no se utiliza de forma continua. Al interrumpirla se produce lo que se llama un sangrado por deprivación, que simula una regla, aunque en realidad no lo es.
Elegí esta opción porque las hormonas bioidénticas se asemejan más a las hormonas humanas y porque, dentro de lo posible, opté por una vía más localizada, intentando que las hormonas actúen donde se necesitan y no tengan que pasar íntegramente por el torrente sanguíneo.
Llevo solo un mes con esta terapia, así que no voy a hablar de resultados espectaculares. No los hay.
Lo que sí hay es algo muy valioso: calma.
La sensación de que ahora todas las piezas del puzle están sobre la mesa. De que, poco a poco, se irán recolocando. De que ya no estoy en caída libre.
A veces tengo la sensación de que vivimos completamente desconectadas de algo fundamental: el beneficio de ser cíclicas. Nos quejamos de la regla porque incomoda, porque inflama, porque interfiere en planes. Pero cuanto más tiempo producimos hormonas, más protegidas estamos a nivel metabólico, óseo, muscular, cognitivo y emocional.
Y aquí sí hay una parte reivindicativa.
¿Por qué hemos normalizado tanto el aguantar?
¿Por qué algunas cosas médicas se imponen y otras, que pueden mejorar la calidad de vida, se invisibilizan o se miran mal?
¿Por qué parece que usar determinadas herramientas es rendirse, cuando en realidad puede ser cuidarse?
Este es mi blog, y no es aséptico. Aquí también cabe esa reflexión.
Dicho todo esto, me reservo el derecho absoluto a cambiar de opinión. Dentro de tres meses puedo ajustar la terapia, modificarla o dejarla. Hoy por hoy, lo que sé es que no quiero seguir en caída libre. Soy joven. Y sinceramente, no me la merezco.
Probablemente esta no sea la base de la pirámide, sino una de las últimas piezas. La base sigue siendo todo lo demás: entrenamiento, descanso, nutrición, gestión del estrés, apoyo profesional.
Y en tu camino, quizá la pregunta no sea si decir sí o no a la terapia hormonal, sino esta:
¿has subido los peldaños uno a uno?, ¿te has saltado alguno?, ¿o estás mirando hacia otro lado?

Los 2 artículos muy interesantes!!
Gracias Olimpia
Me encanta leerte! Es muy valioso lo que compartes ❤️
🧡